J.M. de los Ríos en agonía: hospital cerró terapia intensiva por renuncia de médicos

Foto: cortesía

Un hospital pionero en la atención de niños que se desmorona ante la mirada indolente de autoridades de salud. La queja y el reclamo ignorado sin medir las consecuencias. La inocencia interrumpida de pequeños venezolanos que no escogieron estar enfermos y hoy solo esperan que Dios meta su mano para no morir de mengua.

A través de estados de WhatsApp personal de enfermería anunció el cierre técnico de la unidad de Terapia Intensiva del J.M de los Ríos. La gota que derramó el vaso fue la renuncia de los 3 médicos intensivistas que se mantenían en el área contra todo pronóstico. Pasando hambre, trabajando con las uñas y negándose a dejar su espacio movidos solo por la vocación.

La advertencia sobre lo insostenible de la situación cumple meses y hasta años según el área del hospital. En Terapia Intensiva que es el tema que nos ocupa no hay camas, monitores, ni respiradores. Tampoco hay material y desde este jueves 27/02 no hay médicos.

La directiva sigue en silencio. Días antes de la partida de los tres intensivistas, los encargados del hospital prometieron la sustitución del personal que venía cumpliendo un rol de guardia cada 6 días. Les pidieron redoblarse y se negaron porque por el sueldo de hambre que perciben se dividen en otros centros privados para poder vivir y cumplir con sus obligaciones familiares.

Los más perjudicados son los niños. El cierre de un área crítica llegó y no existe esperanza de mejoría. Hay que recordar que el hospital de niños de Caracas tiene en 14 de sus servicios protección por parte de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Unas recomendaciones y llamados de atención engavetados por el régimen de Maduro y por el ministro «fantasma» Carlos Alvarado que de manera oscura niegan la crisis que se propaga silenciosa y se roba la vida de tantos que no tienen voz.

Hasta el momento solo se sabe que quienes requieran de atención en el área de Terapia serán estabilizados en interconsulta o en emergencia. La expectativa del personal es que no llegarán más médicos, ni serán ocupadas las vacantes.

No hay argumento válido para atraer a nuevo personal en un centro médico destruido. Un hospital que forma parte de la estadística nacional del 70% que no tiene agua, ni implementos de limpieza, ni alimentos o medicinas para los pacientes.

El pronóstico del J. M. de los Ríos es simplemente reservado.

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