Medidas económicas de Maduro ante el coronavirus muestran su nulo margen de maniobra (análisis)

coronavirus

Aún si la crisis de salud que puede causar el coronavirus en Venezuela es superada exitosamente con las medidas de aislamiento que se están tomando (ojalá que así sea: otro escenario en este momento es inimaginable), el costo económico que va a pagar el país por la paralización total de su economía, que se suma a la caída en picado de la economía mundial y al propio efecto de seis años de depresión económica, causarán una debacle que solo puede traducirse como más pobreza, más emigración (si tal cosa se permite en un escenario futuro) y más inestabilidad, tanto política como social.

En ese escenario, las medidas anunciadas este domingo por Nicolás Maduro tendrán poco impacto real, tan poco impacto como casi nula es la capacidad de maniobra del régimen, obligado, en ausencia de palancas financieras que de verdad causen algún efecto, a aplicar cataplasmas.

Esta ausencia de palancas para producir algún efecto real es la que ha llevado a Maduro a pedir al Fondo Monetario Internacional primero $5 mil millones y luego $1 millardo (¿se acuerdan del «millardito»? aquellos polvos trajeron estos lodos); y a quejarse, cadena sí, cadena también, del efecto perverso de las sanciones, que son, en la práctica, las que le tienen todos los caminos bloqueados a cualquier financiamiento.

Las medidas anunciadas ayer descansan, nuevamente y en exclusiva, en la emisión de dinero inorgánico y en el sacrificio de terceros. En un país que en la práctica no tiene un presupuesto de la Nación, Maduro no dice ni una sola palabra sobre plazos de gracia en impuestos, cuando falta una semana y media para que se cumpla la fecha tope de declaración del ISLR.

El jefe de Estado en disputa, entonces y en resumen, ha asumido el pago de las nóminas de las pequeñas y medianas empresas y promete créditos para estas últimas y para la economía informal; ha prorrogado la inamovilidad laboral por los próximos seis meses; ha suspendido el cobro de alquileres y el cobro de créditos por parte de la banca; y ha suspendido el corte de servicios de telecom. Estas son las medidas, a grandes rasgos, todas vigentes por seis meses.

A viejos males, viejos remedios

Empecemos por las primeras medidas, las del pago de salarios a través del sistema Patria. Estas ya las tomó en agosto de 2018, cuando hizo la reconversión monetaria. El salario inicial de la reconversión (forzado por Maduro, y muy encima de la economía real) era de $30, y un año después, era de $6, con dos incrementos de por medio; la inflación del primer año de la reconversión fue de 135.379,8%, según la Asamblea Nacional.

Entonces, en el año en el que Maduro tomó unas medidas similares a las de hoy, Venezuela vivió una hiperinflación sin precedentes en su historia. Y justamente, aquel país no había pasado por lo debilitante de una hiperinflación de las características de los últimos tres años. Hoy, el salario mínimo es de $5, pero es un salario mínimo completamente desconectado de la realidad.

Que Maduro decrete una inamovilidad por seis meses es tan letra muerta como lo es la Ley del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (tan antijurídico y cursi es su nombre como inútil ha terminado siendo el instrumento) en un país en el que, en los últimos tres años, prácticamente todo el sector privado se ha pasado a los contratos por honorarios profesionales, sin vacaciones, prestaciones ni utilidades, como única manera de ganar un salario mínimo que, a ojo de buen cubero, debe estar entre $25 y $40.

Si una empresa decide botar trabajadores, lo va a hacer; si cierra, nada la puede frenar. Para un trabajador que está ganando un salario mínimo o cercano al mínimo en dólares, que Maduro le ofrezca un salario de $5 a través del sistema Patria es una shock brutal de empobrecimiento, que pronto hará que Haití se vea como una economía próspera. Es decir, antes de casar un pleito largo e infructuoso con un empleador en unas inspectorías del Trabajo que están más lentas que nunca, y aceptar un arreglo, el trabajador botado aceptará el arreglo. Sobre todo si la alternativa es que le paguen un sueldo que no alcanza ni para un kilo de queso.

Sobre los créditos a las PYME y a los particulares por cuenta propia, Maduro también anunció esto en agosto de 2018. Nuevamente, sin dinero real que ofrecer, el efecto se diluye.

Anunciando cosas ya acordadas

Pasemos a la parte de los arrendamientos. Muy probablemente, el arrendador y el arrendatario de los inmuebles comerciales ya se hayan puesto de acuerdo para cuando Maduro dio su cadena, en la que también dijo que había consultado las medidas con empresarios.

Es lógico y normal para un arrendador entender que el arrendatario no puede pagar este mes, y probablemente tampoco el que viene, ni hasta que la gente pueda salir a la calle con normalidad (probablemente, incluso, bastante después, por lo citado antes). Maduro solo refuerza algo que ya estaba en la calle. Eso sí, probablemente para agravarlo, porque por ahí se colarán los vivos para intentar quedarse con la propiedad de otros.

Finalmente, está el tema de la suspensión de los créditos comerciales. Nuevamente, y ante el empobrecimiento que se viene, para un banco es irrelevante recuperarlo. Aunque, y esto es un gran aunque, está la llamada Unidad de Valor de Créditos Comerciales, aprobada en octubre del año pasado; que, uno esperaría, cuando termine el período de gracia, tendría un gran ajuste derivado de la fluctuación del tipo de cambio (porque eso y no otra cosa es la UVCC, la dolarización del crédito comercial) que permitiría a la banca mitigar sus pérdidas.

Una banca que, por cierto, está en el mismo estado de prostración del resto de la economía nacional, con un activo total que este año podría alcanzar la nanocifra de $100 millones.

También queda el tema de las telecom, muy castigadas por este régimen, ya hace rato que parecen castigadas de mala fe para que el país quede más incomunicado de lo que está. Ojalá la gente entienda que independientemente de la decisión del régimen, lo que procede es pagar para poder sostener, aunque sea precariamente, el servicio.

Sin la muleta del éxodo

En resumidas cuentas, los anuncios de Maduro, en este momento, son totalmente efectistas y muy poco efectivos, aunque ponen un pañito en la herida abierta de mucha gente. Son demasiadas las personas que dependen de su trabajo precario en Venezuela para sobrevivir, y esos trabajos, hoy, están en riesgo total, independientemente de lo que Maduro pueda decir o hacer. Si la capacidad del régimen para pagar pensiones y salarios hoy es, en términos reales, de $5, en los próximos tiempos podría caer mucho más.

Anteriormente, las malas decisiones del régimen se saldaban con emigración. No es coincidencia que desde que empezó la hiperinflación empezara también la diáspora masiva: casi 5 millones de personas.

Esa alternativa, en el panorama internacional actual, desapareció: emigrar será mucho más difícil, no solo porque los movimientos migratorios estarán restringidos, sino porque es mucho menos atractivo irse a países cuyas economías también tendrán una larga caminata por el desierto que superar.

Y eso, a la larga, también son malas noticias para Maduro, Más gente empobrecida y molesta con su régimen es más gente dispuesta a enfrentarlo. Quizás, por eso, también dedicó más de la mitad de la cadena de hoy a hablar de golpes de Estado.

¿Qué le daría poder a Maduro? Tener dinero. Que le aprueben un préstamo o que Rusia o China acudan a su rescate. Pero nuevamente, esa alternativa, en este momento, parece descartada.

E insisto: este es el escenario optimista, en el que el coronavirus no se ceba con nosotros como lo ha hecho con Italia. Un escenario así, en este momento, más vale la pena ni siquiera imaginárselo.

Esperemos que como dijo hoy en la cadena Maduro, las medidas tempranas de cuarentena, más nuestro clima tropical, más José Gregorio Hernández y/o el Nazareno de San Pablo, nos hagan el milagro.

¡Sorprendente! Francés corrió un maratón en su balcón de 7 metros

Maduro ordenó a Conviasa retornar a connacionales varados en EEUU y el mundo